Crítica: "Nasca Yukaai: El misterio de las líneas de Nasca", sin respeto ni amor propio

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"Nasca Yukaai: El misterio de las líneas de Nasca"
Por José Romero Carrillo     

Una cosa es la intención y otra muy distinta, el resultado. "Nasca Yuukai: El misterio de las líneas de Nasca" en palabras de su propio director peruano Alex Hidalgo tenía la intención de realizar un ejercicio de suspenso y terror al estilo japonés. Después de apreciarla, uno no puede sentirse menos que incomodo por la treta. Hacer una película, demanda dedicación tanto por el respeto que se debe tener al espectador y porque con cada trabajo, uno se expone y pone en juego, su reputación.

Una vez, un cineasta de provincia en un acto de total sinceridad, me dijo que no estrenaría su película pues a pesar de tenerla editada y casi finalizada, prefería suspenderla porque no estaba conforme con ella. Quizás en el futuro volvería a ella. No se trata de dejarlo todo en un arrebato de honestidad, sino que el quehacer cinematográfico se convierta en un oficio noble y de total compromiso, pues no solo está uno en la mira, sino el trabajo de decenas de personas.

El cine exige mucho trabajo, y el guión en especial, pues es el esqueleto, la estructura de toda la película. Por ello necesitan tiempo y maduran con las múltiples versiones, solo así encuentran su forma definitiva o mutan hacia la perfección. Es incomprensible cómo llega a la gran pantalla una película como "Nasca Yuukai", con crasos errores de diseño y construcción de personajes, en buena parte del metraje no tenemos idea de quién diablos es el personaje central. La historia transcurre como si la contara algún despistado que solo tiene dos ideas claras: el aspecto físico del villano y un descarado final abierto para una inmerecida secuela. Decía Walter Murch que editar no es solo montar sino encontrar el camino, en esta película la edición es arbitraria y caótica pues no se cuenta con el suficiente material grabado como para obtener una película coherente o al menos fluida. No es menester del espectador completar los baches o vacíos argumentales, tratar de descifrar el desorden. Vamos mal, si partimos de la premisa que el espectador tiene que ser benevolente solo porque se trata de una "película peruana".

"Nasca Yuukai" tampoco cumple con el misterio que anuncia. No se expone una mínima relación coherente o convincente de las líneas de Nasca y el actuar de las criaturas deformes que nos presenta. Todos son alaridos de rituales absurdos o encuadres nerviosos sobre paredes garabateadas que imaginamos deben tener algún significado en la trama. En su defensa algunos podrán afirmar que en los terrenos del fantástico todo es posible, sin embargo se requiere algún grado de credibilidad. Sólo así podemos comprarnos "el cuento" que un ente proveniente del espacio despierte luego de miles de años ("La Cosa") o que una familia de caníbales sorprenda a una familia norteamericana en medio del desierto ("Las colinas tienen ojos"). Como este último título, tengo la sospecha que "La Matanza de Texas" también fue otra de las referencias que debió tener el director en la génesis de su proyecto.

Pero como toda película, lo que se juzga y valora es lo que está frente a nuestros ojos. Y lo que tenemos en estos días en cartelera es producto de la irresponsabilidad, de la improvisación, de lograr sacar un producto a cualquier costa. En estos tiempos que el espectador nacional se ha reconciliado con el cine peruano se debe velar porque este endeble lazo permanezca, ofreciendo películas solventes y entretenidas de acuerdo a su naturaleza. Cada director debe asumir que su película tiene que vivir más allá de la cartelera peruana. Si no se tiene esa convicción, mejor no filmar.

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